Un RESUMEN del MUNDO, por Juan Villanueva

El chocolate es la golosina más famosa y consumida del mundo, pero ¿cuál es su historia? Descúbrela en este artículo.

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¿Quién no se ha antojado en la vida un chocolate, sea en barra, en grageas, en torta, en helado, en una taza caliente? Por ejemplo, y aunque no soy particularmente dulcero, recuerdo a esas tardes grises y lluviosas de enero, cuando mi mamá preparaba una taza grande de chocolate con marraquetas y leche condensada. El chocolate es la golosina más famosa y consumida del mundo, pero ¿cuál es su historia?

El cacao es un regalo de las Américas al mundo. Es en las selvas tropicales de este lado del globo que creció, y aunque los europeos lo conocieron en el siglo XVI en México –la bebida que hacían los aztecas se llamaba precisamente xocolâtl, de donde los españoles le llamaron chocolate-, para entonces ya el cacao tenía una larga historia de 4000 años de relación con los pueblos americanos. Esta fruta de fuerte color amarilllo o rojizo, con su carne blanda y su tesoro de semillas oscuras, era parte de esos mundos verdes y húmedos que los pueblos amazónicos conocen y manejan tan bien. Es en Ecuador que se han encontrado las evidencias más antiguas de su consumo, pero es muy probable que haya estado en toda la cuenca de los ríos Orinoco y Amazonas, alcanzando el noreste de Bolivia.

Ahora bien, recién en el siglo XVII los jesuitas introducen el cultivo del cacao en sus misiones de Moxos y Chiquitos, al oriente del país. Pero para entonces, el chocolate ya estaba adaptado al gusto europeo. Esta potente agua agria –que eso significa xocolâtl en lengua nahua- había sido reunida con el azúcar de caña del Asia, que tan bien se producía en el Caribe y el Brasil. En La Plata, hoy Sucre, a medio camino entre las regiones productoras de cacao y la gran ciudad minera de Potosí -donde un chocolate caliente para el frío siempre cae bien- cundió el chocolate. 

Un par de siglos después, los adinerados sucrenses que viajaban por Europa importando las modas del momento, replicaban en la ciudad blanca la sofisticada elegancia de los bombones franceses, convirtiéndola en la capital boliviana del chocolate, con leche de vacas europeas, y secretas especias del Medio oriente y la India. Y esta historia tiene una segunda parte, pero algo queda claro: el cacao será muy americano, pero morder un bombón sucrense es saborear un resumen del mundo.