COMIENDO LA TIERRA por Juan Villanueva

Más allá de que consumimos minerales disueltos en el agua que bebemos, y en los alimentos que comemos, hay dos productos de la geología que se consumen de manera más visible.

Imagen

Hoy, cerca del mes de noviembre y con ello de los tiempos de fiesta, terminamos un ciclo de notas que iniciamos en agosto, mes de la Pachamama, dedicadas a los alimentos que nos entrega la tierra. Hemos hablado de tubérculos y cereales, de legumbres y de frutas, pero no podíamos terminar sin comentar algo sobre los minerales que comemos.

Y sin duda, más allá de que consumimos minerales disueltos en el agua que bebemos, y en los alimentos que comemos, hay dos productos de la geología que se consumen de manera más visible. El primero, tremendamente importante, es la sal. El cloruro de sodio ha sido buscado y usado por casi toda sociedad humana, no solamente por el sabor que aporta a nuestras comidas, sino por sus cualidades secantes, que permiten conservar otros alimentos. En el mundo andino, donde se encuentran las mayores fuentes de sal mineral del mundo, las sociedades llameras asociadas al intercambio de sal fueron siempre sumamente importantes. La sal y el ají tienen un significado tal, que la comida de los muertos, los antiguos, los chullpas, los no humanos, carece de estos ingredientes. El sabor es vida.

Y, sin embargo, menos conocida es la costumbre de consumir arcillas o silicatos de aluminio, conocidas como p’asa o ch’aqu, entre otras. Se piensa que esta costumbre toma forma para aliviar problemas gastrointestinales, debidos a las toxinas que contienen las papas o la quinua, sobre todo durante los siglos que duró su domesticación. Estas arcillas tienen propiedades curativas, y se consumen usualmente en una sabrosa salsa con sal, que acompaña en la watia a las papas frescas, recién cosechadas. 

En fin, que la tierra no solamente nos brinda sus frutos, sino que literalmente la comemos. En reciprocidad, todo lo que somos, es comido por la tierra cuando morimos, en un ciclo infinito de alimentación.

 

Imagen: Gustu Blog